El 2006 ha sido para España el más caluroso de la historia, según el Instituto Nacional de Meteorología, las temperaturas estuvieron 1,34º por encima de la media, y todo indica que 2007 puede batir récords históricos. La razón, según los expertos, está en el calentamiento global. Por eso hay que buscar soluciones rapidas, para que España no se convierta en futuro en el Shahara europeo, y una de ellas es el Proyecto Geshem.
Científicos de las universidades de Salamanca, Rey Juan Carlos de Madrid y Bruselas están diseñando este proyecto para favorecer artificialmente la lluvia que se aplicaría en el litoral mediterráneo. En concreto, consiste en la colocación de una tela asfáltica en una extensión de unos dos kilómetros cuadrados para favorecer el fenómeno isla de calor, que se forma sobre las ciudades que, debido al asfalto, constituyen puntos oscuros absorbentes de los rayos solares, lo que causa que la temperatura sea varios grados centígrados superior a la del área que la circunda. Esta diferencia de valores hace que se aceleren las corrientes cercanas y que aumente el vapor de agua para que, a la altura del extrarradio urbano, donde cae unos grados la temperatura, se formen nubes y se favorezcan las precipitaciones.

El proyecto, a partir del efecto isla de calor, que se lograría con la instalación de la superficie de tela asfáltica, se dirige a áreas donde hay riesgo de restricciones y de contaminación atmosférica por falta de lluvias, como el litoral mediterráneo. En estos territorios cercanos a las ciudades (a una distancia de entre 30 y 60 kilómetros) se llegan a registrar aumentos de lluvias que, según la dirección del viento, pueden llegar a ser del 28%. Algunas zonas del Mediterráneo peninsular son lugares óptimos porque, además de la carestía del recurso, también cumplen los requisitos imprescindibles de que haga un intenso calor, haya una brisa constante y una humedad del aire relativamente alta.
Este técnica se encuentra ahora en fase de experimentación en el desierto del Negev (Israel), para elevar la lluvia en las zonas áridas, aunque los científicos españoles consideran factible que las autonomías españolas implicadas puedan también aplicarla.
Respecto al coste de implantar una de estas estructuras es relativamente pequeño en comparación a otras alternativas para paliar la falta de agua, como pueden ser las desaladoras, ya que para una superficie de 2 kilómetros cuadrados habría que efectuar una única inversión de unos 2 millones de euros, sin mantenimiento ni coste de funcionamiento, declaró el científico.





















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